Me dí vuelta para verlo de nuevo, el corazón me latía en las sienes, pero no vi más que el camino desierto. Pensé tal vez estaba generando un mecanismo de defensa, para escapar del dolor de mi situación con Rhea. Seguí adelante, sentía la humedad en la entrepierna. Nunca me había pasado… ¿Será que en situaciones de tanta tristeza nuestro cuerpo intenta escapar al sufrimiento? Rhea, qué te sucede, adónde estás…
Entonces lo escuché… “Ahoga tus penas en lagunas de sangre. En los altos lugares donde la memoria no llega, se encuentran los pensamientos abandonados, bailan y bailan su danza de ausencia, no se reconocen. Dónde vas, tímido, entre vapores de ensueño. ¡Despierta, ven que te espero en este silencio de nada y en los pétalos de la muerte!”
Lo sentí en mi mente, me hacía feliz en la pena. Cerré los ojos embriagado de placer y vi la luna.
No Comments Yet
Aún no hay comentarios.
Deja un comentario

