El tren fue puntual, ellos despacharon sus maletas y ocuparon sus asientos de primera clase en la parte delantera de la formación. El viaje hasta la ciudad duraría una 3 hs.

El teléfono móvil sonó, era él. -¡Hola, mi amor! ¿Por qué has tardado tanto? -Con el apuro olvidé el móvil en la oficina y me demoré demasiado en la autopista y por fin encuentro una cabina. ¿Tienes los pasajes?
Me dí vuelta para verlo de nuevo, el corazón me latía en las sienes, pero no vi más que el camino desierto.
E lla tenía un presentimiento. No hubiera querido dejarle la nota, pero no tenía otra salida. Ahora miraba por la ventana, la oscuridad y la niebla se habían apoderado del jardín. La habitación estaba cálida, debido a la calefacción.
La tarde estaba fría, yo caminaba sin mucha prisa por la calle desierta. El viento lanzaba tenues silbidos por entre los pinos lánguidos y oscuros que se alineaban a la vera del camino.